¿Conoces la diferencia entre Activismo y Productividad?

Este artículo busca establecer la diferencia entre Activismo y Productividad. Si buscas en la red el concepto activismo te encontrarás con esto: “El concepto de activismo o militancia se puede generalizar como la dedicación intensa a una dada línea de acción en la vida pública, ya sea en el campo social, político o religioso. También se entiende por activismo la estimación primordial de la acción, en contraposición al quietismo.”

 

Nos concentraremos en  la segunda idea. Sin acción no se genera reacción, efecto, resultado, quizá por eso caemos en una “estimación primordial de la acción”, si no se actúa no tendremos la certeza sobre algo, esto no aplica para todos los casos, por supuesto, si un avión se estrella desde 10.000 metros de altura podemos hacer una inferencia sobre lo que ocurrirá.

Recuerda el camino.

Pienso luego existo

 

En el extremo opuesto tenemos al “quietismo” y ningún emprendedor recomendaría jamás quedarse quieto, hay que seguir, actuar, seguir, continuar. Ahora vale la pena preguntarse, ¿continuar hacia dónde? ¿Haciendo qué? ¿Observamos en algún momento los resultados? ¿De todas las acciones cuáles dieron lo esperados? ¿Se definieron cuáles debían ser los objetivos? ¿Será necesario posponer o incluso abandonar alguna de esas acciones?

 

Reflexionar no significa quedarse quieto. ¿Cuánto meditamos antes de iniciar nuestro proyecto? Probablemente no lo sabemos, pero sin darnos cuenta lo hicimos mientras tomábamos la ducha, conducíamos o íbamos al mercado. Recordemos la célebre frase de Descartes: “Pienso, luego existo”.

 

Eso no significa estarse “quieto” la reflexión también forma parte del proceso productivo. El problema está en quedarse estancado con las ideas. Los emprendedores debemos actuar. Ahora, dejarse absorber por actividades es tan nocivo como estancarse. Porque se vincula con otro concepto fundamental: Productividad, en la red pueden hallarse numerosas teorías y conceptos que suelen resumirse a esto:

 

Poductividad

Poductividad

 

La eficacia podemos describirla como la “misión cumplida” y la eficiencia como “qué tanto nos costó lograrlo”, el equilibrio entre estas dos variables evita las victorias pírricas. Que no es otra cosa que el cumplimiento de los objetivos a costos muy altos.

 

Y aquí es donde viene a cuento todo: El Activismo nos puede hacer eficaces, si nos desperdigamos en cientos proyectos algunos pueden darse y los resultados pueden parecer muy positivos. Es como si en un pasillo largo y lleno de puertas nos dedicásemos a abrir todas y cada una de ellas, si abre sólo un par, sentiremos que hemos sido exitosos. Sin embargo, si podemos medir de alguna manera el costo o desgaste para lograrlo y vemos que el consumo de recursos y esfuerzos fue tal que la diferencia no tiene gran peso.

 

El desequilibro entre estas dos variables nos hace improductivos. Porque, aunque generemos resultados, éstos producen un desgaste mayor a la larga, si nos enfocamos en hacerlo todo dentro de parámetros definidos entonces terminamos haciendo algo semejante a los francotiradores (un objetivo, un blanco, un disparo) y dejamos pasar las oportunidades.

 

Por eso, el hecho de que estemos muy ocupados no significa que los resultados obtenidos sean los mejores. Si no hay un aprendizaje de cada resultado podemos caer en espirales repetitivas y desgastantes.

 

Directo al blanco

 

¿Cómo puede remediarse esto?

Pues, como dijo el Buda, siguiendo el camino del medio. Crear un balance entre “lo que se hace” (eficacia) y “la manera de hacerlo” (eficiencia), Hacer mil tareas en un día, no nos hace más productivos, por el contrario, es señal de improductividad, porque los resultados suelen ser magros. El emprendedor suele caer en esta trampa por diversos motivos, entre ellos es porque se arrastran hábitos de experiencias anteriores, y hay que recordar que esos hábitos nos trajeron hasta el punto en el que estamos hoy día. Quizás funcionaron para el desempeño de un rol en un determinado momento (empleado, supervisor, para tratar con un cliente, etc.), pero ¿nos llevarán más lejos?

Este proceso de evaluación nos obliga a revisar cada paso, acertado o no, y no proceder como autómatas ante cada nuevo reto, al fin y al cabo, de eso se trata vivir, de abrir los ojos a cada experiencia como si fuese la primera vez. Disfrutemos el camino, del aprendizaje de cada paso porque aunque lo hayamos dado mil veces, nunca será igual.

 

Javier Domínguez

 

“Considero que mi función principal es ser el arquitecto de la estrategia y dirigir la organización hacia las metas planteadas, una vez que estas se cumplan, velar porque se establezcan otras para así continuar con el desarrollo de la organización. Estoy en permanente validación de nuestra estrategia. Soy fiel creyente y practicante del trabajo en equipo”

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